“Maria era al peu de la creu”, vitral de R. Janer, M.SS.CC.

(Parròquia de L'Horta de Sóller)

«La Congregación nació de un acto de fe en los Sagrados Corazones y vive en ese mismo acto de fe. Así lo expresan nuestras Reglas: Hacemos un acto de fe en los Corazones de Jesús y de María. Creemos que Dios no nos envía a condenar a nadie. Creemos en el poder del amor que sirve hasta la muerte. Creemos que la salvación nos llega por la cruz y la glorificación del Señor. Esta fe es el principio dinámico que penetra, orienta y da sentido a nuestra vida (Reglas, 81 art. 15).

Los Misioneros de los Sagrados Corazones somos llamados, convocados, enviados a vivir, proclamar, celebrar, encarnar el amor trinitario de Dios. A poner corazón en un mundo sin corazón, para que se transforme, como decía Pío XII, de selvático en humano; de humano en divino según el corazón de Dios.

Al anunciar el Reino lo anuncian no simplemente como algo futuro al estilo de los profetas del Antiguo Testamento, sino como algo que ya ha llegado y se ha realizado en Jesús de Nazaret, en María, en los Sagrados Corazones. Ellos son el sacramento del Reino. La meta de toda nuestra misión. La Alianza sellada. Haced, si posible fuese, que todo el mundo se consagre a ellos (Notas, 104).»

(Pedro Mª. Aznárez)