Casas de espiritualidad

El P. Fundador deseaba que, en cualquier parte donde se estableciere la Congregación, tuviéramos una casa de retiro según el paradigma de Sant Honorat, cuna del Instituto, en la isla de Mallorca. Esta casa debería dedicarse a la formación de los novicios y a la práctica de  ejercicios espirituales, tanto para sacerdotes como para seglares (cfr. Reglas 96, 2).

Quería, incluso, que todas nuestras comunidades fueran como un oasis para las personas hambrientas de virtud y de dirección espiritual (cfr. Notas referentes a la Congregación, 97).

El XV Capítulo General (1993) y la V Junta Consultiva (1996) apoyaron la creación de estas Casas de Espiritualidad en las Delegaciones, en la línea de refundación del Instituto.