Datos biográficos

Esperando que la Congregación para la Causa de los Santos se pronuncie oficialmente, rendimos memoria al grupo de "mártires" del barrio de El Coll que dio su vida en la capital catalana.

Los mártires de El Coll

 

Barcelona, 1936


La comunidad de MSSCC que cuidaba el Santuario de Ntra. Sra. Del Coll fue “una de las primeras comunidades de Barcelona en pagar tan alto tributo de sangre” (J. Senabre). A los Padres Simó Reynés y Miquel Pons, a los Hermanos Francesc Mayol y Pau Noguera y a la señora Prudència Canyelles, les arrebataron la vida el 23 de Julio de 1936. A los tres primeros en la torre Alzina, a los dos últimos en la carretera de s’Arrabassada, juntamente con tres religiosas.

 

 

Simó Reynés Solivellas

(Mancor 1901 – Barcelona 1936).

Profesó en 1918 en la Congregación, junto con su hermano Francesc. De carácter muy amable, tenía poca salud. Fue ordenado sacerdote en 1926. Fue asesinado a los 35 años.

 

Miquel Pons Ramis

(Llubí 1907 – Barcelona 1936).

Profesó en 1923. Ordenado sacerdote en 1931, fue asesinado a los 29 años. Era recto y piadoso, dócil y jovial.

 

Francesc Mayol Oliver

(Vilafranca de Bonany 1871 – Barcelona 1936).

Ingresó en la Congregación a raíz de la Misión predicada en su pueblo por el Fundador y otros congregantes. Profesó como Hermano Coadjutor en 1896. Asesinado junto a los dos Padres, después de esconder la imagen de la Mare de Déu del Coll y defender el Santuario, apagando el fuego con una ramita.

 

Pau Noguera Trías

(Sóller 1916 – Barcelona 1936).

Profesó en 1934 y al poco tiempo destinado a la ciudad condal. Fue apresado en la torre Blanca y asesinado, después de unas horas de suplicio.

 

Prudència Canyelles i Ginestà

(Sant Celoni 1884 – Barcelona 1936).

Casada en 1927 con Ezequiel Aguadé, propietaria de la torre Alzina donde dio refugio a los tres primeros congregantes citados. Por ese motivo fue fusilada, junto con el Hermano Pau. La Congregación quiso incorporar su proceso al de nuestro grupo y la presentó como modelo de caridad eximia a los Laicos y Laicas MSSCC.

 

Catalina Caldés Socías

(Sa Pobla 1899 – Barcelona 1936).

Hizo la primera profesión en las Franciscanas Hijas de la Misericordia (fundadas en Pina, 1856) el 14 de octubre de 1922. Se dedicó especialmente al cuidado de los enfermos.

 

Miquela Rul·làn i Ribot

(Petra 1903 – Barcelona 1936)

Profesó en la misma Congregación el 16 de octubre de 1929. Se dedicó a los niños y a los enfermos.

 

 

 


 

«Nuestros mártires lo fueron por amor. También murieron como purificación de la Iglesia. Ellos no tenían poder ni influencias. Por eso, su inmolación fue más gratuita y generosa. Ellos eran inocentes, pero conscientes. Su inocencia los convierte en testigos de lo que representaban: fidelidad y coherencia con el seguimiento de Cristo. Murieron por lo que eran, no por sus obras. Sus obras los hubieran liberado.

 

Su conciencia nos los manifiesta libres. Las religiosas y los religiosos pudieron haber desobedecido a sus superiores que los destinaron, o pudieron haber alegado motivos para salir del horno en llamas. Prudencia podía haber acallado la voz interior que la hizo hospitalaria en el peligro. Todos desearon que pasara el cáliz de la muerte. Pero todos vivieron el amor, expresado en la consciente fidelidad hasta el fin. El Señor les sorprendió vigilantes y con la lámpara encendida»

 

(Josep Amengual i Batle, Superior General M.SS.CC.)

 


 

«Los mártires del barrio de El Coll conforman un hermoso legado patrimonial para quienes formamos parte de sus institutos y sabemos de su historia. Este grupo hermanado por las balas y la sangre habla con elocuencia acerca de lo que importa en la vida, de los objetivos últimos. Unos eran religiosos presbíteros, otros religiosos coadjutores. Dos de los componentes habían profesado como religiosas Franciscanas. Había una laica. Siguieron diversos caminos, tuvieron diferentes tareas, desempeñaron roles disímiles.

 

Presbíteros o no, laicos o clérigos, varones o mujeres, todos mostraron el mismo empeño en ser fieles a su conciencia y dar la mano al prójimo. Al final no rehuyeron entregar la vida por el Amado y enterrarse como grano de trigo en el surco.

 

Personas como las que nos ocupan dan credibilidad a la Iglesia»

 

(Manuel Soler i Palà, msscc)