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Religiosos  con  una  espiritualidad  peculiar

 

Pretendemos, ante todo, seguir las huellas de Jesucristo. El religioso descubre un tesoro escondido y apuesta por él. Lo vende todo para conseguirlo. Concluye que ni el dinero, ni el sexo, ni el poder constituyen el sumo bien. No merece la pena luchar a brazo partido por ellos, mucho menos si hay que recurrir a los empujones y a los malos modos. Reconoce el religioso que no es el ombligo del mundo y que las propias ocurrencias no son siempre las mejores simplemente porque son las de uno.

En términos clásicos todo esto lo dicen los votos de pobreza, castidad y obediencia. Aunque, bien entendido, estas virtudes son medios y no fines. Nadie se hace pobre, casto u obediente porque sí. A menos que no esté en sus cabales Pero puede dar el paso cuando la decisión favorece una mayor agilidad en la vida. Cuando le pone altavoz al anuncio de que existe un Padre común que nos quiere solidarios y tiene para nosotros una misión.

 

 

Somos religiosos y Misioneros de los Corazones de Jesús y María. Este título le da color y concreción a nuestro estilo de vida consagrada. Aunque nos distanciamos de las imágenes del corazón de Jesús o de María carentes de estética —que abusan de los colores y los detalles anatómicos— y no sintonizamos con la abundancia de interjecciones. Tampoco ponemos en primer plano la melancolía, la desconfianza o el sacrificio. Con tales premisas, a la postre, la fe adquiriría una tonalidad pasiva, intimista y quejumbrosa.

 

Nos referimos al corazón como símbolo de la profundidad de la persona. Creemos que el ser humano dispone de un centro de donde surgen sus opciones morales y donde nutre las más comprometidas decisiones. El corazón refiere también al amor, a la solidaridad y la misericordia. Divisamos el panorama de la fe desde esta perspectiva. Las actitudes, las ideas, los compromisos, adquieren el toque cálido y cordial típico de esta espiritualidad. Predicamos con especial complacencia los rasgos de amor, cercanía y perdón del evangelio.

Jesucristo en la cruz se dejó traspasar el costado por la lanza. Esta es la tarjeta de visita de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Creemos que vale la pena dejarse traspasar por la lanza de la injusticia y la insolidaridad a fin de aliviar a los innumerables traspasados de nuestro mundo. Pensamos que en un mundo «descentrado» por la violencia, el sexo, la corrupción y las largas filas de exiliados, vale la pena tratar de reparar el centro roto que es el corazón humano.