Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

1 octubre 2007

 

 

 

Charlas sobre los mártires en Castilla-La Mancha

 

 

 

 

Numerosas han sido las charlas que se han ofrecido durante los últimos meses en diversas parroquias, colegios y conventos sobre los mártires del Coll. Un acontecimiento de este calibre no suele repetirse en la vida quienes les quieren y admiran, ya sea por motivos familiares o por pertenencia a un mismo Instituto. Entra en la lógica de las Congregaciones tener el oído atento para correr donde se insinúe el más mínimo deseo de escuchar sobre el tema.

 

La última actividad tuvo lugar los días 14 y 15 de septiembre. Los PP. Josep Amengual y Manuel Soler, juntamente con el historiador mallorquín Pere Fullana, dieron unas charlas en la población manchega de Villanueva de Alcardete, provincia de Toledo. Participaron unas 180 personas. La mayoría eran religiosas Franciscanas de la Misericordia procedentes de diversos pueblos del entorno. Allá estaban los miembros de la Curia y del Juniorado, ambas residencias sitas en Madrid. También hicieron acto de presencia las Hnas. de conventos pertenecientes a la provincia de Cuenca, Toledo y Cáceres. Se hicieron igualmente presentes un notable número de profesores de distintos colegios regidos por las franciscanas.

 

Una contienda incivil

 

El Sr. Pere Fullana esbozó un cuadro general de la guerra civil con fuerte sentido crítico. Matizó con esmero para no caer en afirmaciones globales que no se corresponden con la verdad histórica. Hizo equilibrios y recurrió a múltiples distingos para desmenuzar la situación de fondo que provocó la contienda. Así logró mantenerse en una postura ecuánime y objetiva dentro de lo que estas situaciones permiten. Insistió en que no todos los grupos hacían gala de la misma ideología ni de la misma agresividad.

 

Se preguntó el por qué de una masacre tan global y encarnizada como la de 1936. ¿Qué sensible resorte se ponía en marcha en estos hombres capaces de asesinar cuando se les hablaba del tema religioso? ¿Qué traumas, qué odios se despertaban en ellos? ¿Qué venganzas o inconformidades se exasperaban para agredir, hasta la muerte, a los clérigos e incluso a los simples laicos que profesaban la fe católica? ¿Por qué una imagen o un escapulario les enardecía y sacaba de quicio? El conferencista aludió a la aversión que sentían muchos a la Iglesia. Representaba para ellos una suma de malquerencias e injusticias sociales. Todo lo cual desembocó, o quizás caminó en paralelo, a una especie de sacrofobia. Cualquier imagen o símbolo religioso en ellos una inquina irracional.

 

Unos protagonistas rectos y sencillos

 

El P. Manuel Soler se refirió al estilo de vida de los religiosos de la época. Un estilo recto, austero, huérfano de ambiciones. Los congregantes que vivieron con ellos, la gente que les conoció, ofrecieron testimonios sin fisuras: se trataba de personas sencillas, sin iniciativas de grandes vuelos. Se deduce fácilmente echando una ojeada a su curriculum, escuchando los testimonios de quienes les trataron.

 

Unos impartieron clases y tuvieron dificultades para imponer la disciplina entre sus alumnos. Otros se dedicaron en cuerpo y alma a atender a los feligreses en la predicación y la administración de los sacramentos. Los Hnos. trabajaron en la huerta, en tareas domésticas, subieron y bajaron la montaña del Coll para realizar las compras de cada día. No fueron grandes líderes, ciertamente, ni tampoco se convirtieron en ningún momento en focos de conflicto a causa de su desbordante personalidad. Donde quiera pasaron, no pusieron de manifiesto un carácter impetuoso, ni un comportamiento fuera de lo común.

 

El conferencista se extendió en los rasgos biográficos de las Hnas. Franciscanas, dado que el público asistente se sentía más vinculado a ellas. Sor Catalina gravitó a lo largo de su vida alrededor del lecho de los enfermos. Los atendió con afecto y esmero. Se lo reconocía todo el barrio. Por su parte Sor Miquela estuvo cerca de los más pequeños para que los papás pudieran ir al trabajo.

 

Concluyó la charla con unas afirmaciones relativas a la superación de la carga ideológica propia de la guerra. Por Jesucristo se puede morir, pero no matar. Aunque tras una contienda civil las cosas ya no vuelven a ser como antes, hay que intentar mil veces poner paz y reconciliación. Nada de amenazar con que volveremos a las andadas. Aparte de que las circunstancias y el nivel de vida son muy distintos, en las amenazas late lo que no se afirma explícitamente: si no actúan como digo, de acuerdo a mis criterios y propuestas, aparecerá de nuevo la violencia. Mensaje inaceptable en tiempos pluralistas y democráticos.

 

Un perdón a ofrecer y a solicitar

 

El P. Josep Amengual presentó un power point muy adecuado. No sólo se refirió al perdón en general. Fue explícito y expeditivo, quiso dar un paso más y pasar del ofrecimiento del perdón a la petición de perdón por las muchas situaciones oscuras en que incurrió la Iglesia, particularmente la alta jerarquía.

 

El conferencista relató que en la contiende un presbítero acosado, que se escondió en lo profundo de un bosque, se pasó la noche preguntando: ¿rechazan a los ministros por causa de Jesús, o rechazan a Jesús por causa de sus ministros? No es fácil la respuesta y ésta debe ser tan y matizada como el filo de un bisturí.

 

Luego hizo varias reflexiones. Si hemos esperado 70 años para ver reconocido el martirio de nuestros hermanos, ahora hay que darle la importancia que el hecho conlleva. El decreto de Benedicto XVI es una misión para nosotros. Interpela a preguntarnos: ¿Cómo se llama y cómo experimentamos a nuestro Dios? ¿Cuál es el Cristo que predicamos? ¿Qué Iglesia queremos? ¿Qué estilo de Congregación  promocionaremos?

 

Terminó preguntándose cómo explicaremos la beatificación de los mártires del Coll a nuestro mundo si no es bajo el prisma de un mensaje de reconciliación. Auguró que la beatificación se convierta en reclamo para un nuevo estilo de convivencia. La beatificación nos invita a ser profetas del perdón y la reconciliación. En realidad el perdón es constitutivo de la identidad de la Iglesia.

 

 

Manuel Soler Palà, msscc