Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

7 junio 2007

 

 

 

PROCLAMA

con motivo de la beatificación de los mártires del Coll

(28 octubre 2007)

 

 

 

 

 

Os invitamos a uniros a nuestra acción de gracias a Dios. A suplicarle que la sangre de nuestros mártires sea semilla de nuevos cristianos en nuestra Iglesia.

 

Les aseguramos que no nos mueve ningún tipo de revanchismo. Antes bien, queremos aprovechar la oportunidad para hacer examen de conciencia y evaluar cuáles son nuestras alianzas. Pedimos perdón, humildemente, por las veces que la Iglesia no estuvo de parte de los pobres y descuidó el ministerio de reconciliación universal que le correspondía.

 

Tampoco nos avergonzamos de rendir homenaje a quienes dieron la vida en el seguimiento de Jesús de Nazaret, que es la prueba de amor más grande. Ni ellos ni ellas murieron por ninguno de los bandos enfrentados, sino con la esperanza de entrar en la patria que Dios tiene reservada a los agentes de paz. Reconocemos públicamente que nuestros hermanos y hermanas fueron víctimas del odio a una forma de ser Iglesia que ellos no representaban. Eran gente humilde y enfermiza, de aquellos débiles que el mundo ignora. Enterrados en la periferia marginada de la metrópoli, vivían dedicados a la evangelización, al cuidado de los enfermos y a alfabetizar a los hijos de los obreros. Como un rebaño de ovejas inocentes, sacrificadas por los pecados del mundo, murieron perdonando, aceptando una condena injusta y sin apelación para que otro mundo fuese posible, el mundo más justo que hoy podemos construir.

 

No negaremos la memoria de otros caídos o desaparecidos, sino que como María al pie de la cruz, como las madres argentinas, rwandesas o afganas de los calvarios de hoy ayudaremos a recoger la sangre de todas las víctimas, a bajarlas de la cruz y a reivindicar justicia para los pobres. Aquí, en nuestra patria, demasiado enfrentada todavía, y en el tercer mundo, donde estamos presentes como misioneros y evangelizadores de la Buena Nueva de la Paz.

 

Proclamamos un Cristo que es víctima y reconciliación, de ninguna manera ideología impuesta a nadie. Comprometámonos, según nuestras fuerzas, a acabar con la vergüenza de que, en el siglo XXI y dondequiera, encontremos todavía mártires como los del Coll, víctimas de pretendidos cristianos, más amigos del orden y del lucro que de la justicia. Que, imitando a nuestros mártires, podamos llegar a la santidad, que es cumplir la voluntad del Padre.