Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

20 abril 2007

 

 

 

REFLEXIONES SOBRE LAS VÍCTIMAS

Mirémonos en el espejo de nuestros mártires

 

 

 

 

 

 

Publicamos la carta que escribió el Superior General el  22 de julio de 2006 En el LXX aniversario del martirio de nuestros hermanos del Coll)

 

 

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

En la vigilia del aniversario del martirio de los siete mártires del Coll quiero invitaros a una acción de gracias (...). Lo importante es que se cumpla la máxima de Tertuliano (s. II-III) según la cual la sangre de los mártires es semilla de cristianos.

 

Por esto todos recogemos el gesto de perdón con el cual murió el P. Miquel Pons. Muchos de nuestros hermanos mayores, sus familiares, fueron testigos de unas circunstancias injustas y horribles. Pero no debemos pasar por alto algo que todos hace años podemos saber, reconocer y enmendar: muchos grandes eclesiásticos se declararon partidarios de mantener la injusticia, de no renunciar a grandes riquezas, de no alejarse de grandes opresores. Las historias escritas por autores serios y fidedignos ya por los años 1970 lo publicaban abiertamente con abundantes documentos. Por esto, tenemos ocasión de abrir los ojos, y saber que nuestros hermanos murieron víctimas de un odio a una forma de ser Iglesia que ellos no representaban. Es una invitación a ver nuestra vida y examinar cuáles son nuestras alianzas. Si nuestros hermanos en el momento de ser asesinados perdonaban, bien podemos vivir el "Padre nuestro" al cabo de setenta años.

 

En nuestros días se intenta recobrar la memoria de otros muertos. Tienen tanto derecho como nosotros cuando queremos recobrar la memoria de nuestros hermanos. No hay personas de primera y de segunda. Además, algunos hermanos de Congregación tienen a su padre  o a algún pariente próximo asesinado por los que vencieron la guerra. No seamos tan duros que les condenemos a un silencio vergonzoso y perpetuo.

 

Tampoco caigamos en los complejos que nos hagan ignorar a quienes dieron su vida, en nombre de la Iglesia. Seria ignorar las palabras de Jesús: "Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jo 15,13). Hemos de recordar a estos grandes amigos de Jesús, que ha dado la Congregación y la de las Franciscanas Hijas de la Misericordia, así como agradecemos la hospitalidad de esta cristiana que vivió su sacerdocio bautismal llegando a ser víctima por la hospitalidad, por "dar la vida por sus amigos".

 

Recordar unos mártires no significa desconocer a las otras víctimas. Significa más bien reconocerlas y dedicar la vida a la reconciliación, para que no haya una sola más.

 

En Cristo podemos hacer esta síntesis de la reconciliación, que no es fácil para los que están polarizados por una ideología, por un partido y por una forma de ver la patria. Cristo es mucho más. No lo empequeñezcamos imponiéndole unas medidas según nuestros recuerdos u opiniones. Cristo es víctima y reconciliación, no ideología y opinión Lo es en nombre de un Dios que, como nos recordó el P. Fundador, Joaquim Rosselló i Ferrà, desea atraernos a todos y hacernos felices. Un Dios que quiere la felicidad de la humanidad ya ahora.

 

En este LXX aniversario hemos de conseguir que, cuando recordemos estos hechos, podamos proceder con paz, serenidad y sin condenar a nadie, como nos pide nuestro Credo. Es lo que pide también la historiografía más generalizada y documentada. Es la manera de ser ciudadanos y de pensar en un futuro según el plan del Padre. Hemos de condenar el mal, que es la iniquidad. En esta historia del mal el pecado fue una trayectoria de la injusticia social, que separó los dos primeros mandamientos, que Jesús proclamó semejantes y los unió.

 

Si sabemos amar a Dios y al mismo tiempo trabajamos por la justicia, purificamos la Iglesia. Prevenimos reacciones como las que provocaron que hubiera personas que mataran, que fueran asesinos. Es una manera constructiva de reparar a Dios por los pecados de nuestro mundo, que son los nuestros.

 

Esto que nos testimonian nuestros hermanos del Coll no sólo vale en España. Difícilmente hay un país sin víctimas en el s. XX. Es decepcionante; pero también es verdad. Y la reconciliación es la única vía cristiana para superar estas divisiones y enfrentamientos. Por esto, invito a todas las delegaciones y comunidades a que (...) oremos con nuestros mártires, que celebran la liturgia celestial, para que nos hagan imitadores suyos en el perdón (...) Supliquemos la conversión de nuestro corazón.

 

Os invito a retomar el libro Los atajos de Dios, del P. Manuel Soler, y del cual saldrá una segunda edición. Más documentación encontraréis en la Positio, que es bastante breve. Hago esta invitación, porque bastantes de los que participaron en la XXII Semana de Artajona (01/06-2006) quedaron sorprendidos de la calidad de nuestros mártires y descubrimos todos la actualidad del martirio en nuestro momento eclesial, aquí, en el mundo más secularizado, en África y en América, en situaciones más injustas, donde la desigualdad campa libremente y donde abundan los poderosos que pretenden aliarse a unas formas de ser iglesia, que favorezca el latifundismo, la desposesión de las tierras, la opresión de la población tradicional, etc. y en estos lugares hay mártires como los del Coll, pero víctimas de pretendidos católicos más amigos del orden que de la justicia.

 

 

Josep Amengual i Batle, M.SS.CC.