Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

4 mayo 2007

 

 

 

REFLEXIONES SOBRE LAS VÍCTIMAS

Pueblo de mártires, ayer y hoy

 

 

 

 

 

Día primero: LOS MÁRTIRES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

 

Parroquia de La Altagracia (Ensanche Herrera, S. Domingo), 7 de la tarde del lunes 5 de febrero del 2.007.

 

Buen ambiente previo, a pesar de los pesares. El P. Miguel Meliá, un misionero mallorquín que lleva muchos años de párroco de estas comunidades, celebra una misa de media horita, pero larga en densidad y participación popular. Hay apagón general, así que empezamos con un pequeño inversor, en medio de un sofoco que parece no sentir nadie más que yo, a juzgar por los achuchones y apretados abrazos de la gente que lleva varios años sin verme. Salgo buscando un soplo de aire fresco. A la casa curial, inaguantable. En el anfiteatro del patio, donde resuenan los claxons, los altavoces con los decibelios a tope, los gritos adolescentes que se dirigen del trabajo a la escuela nocturna. Temo que no me vayan a oir. En eso llega la luz, gradualmente, saludada por un clamor de satisfacción que unifica todo el barrio.

 

A las 7:30 me presentan, saludo a todo el mundo y presento el tema: Juan Pablo II escribió que "al término del segundo Milenio, la Iglesia ha vuelto a ser una Iglesia de Mártires". De los más de 40 millones de mártires que ha habido en la era cristiana, más de la mitad pertenecen al siglo XX. ¿Qué modernidad es ésa? ¿Qué racionalidad y qué respeto de la pluralidad caracterizan nuestra sociedad?

 

La organización "Release internacional" denuncia que en este mismo año 2.007 habrá unos 250 millones de cristianos perseguidos por su fe, especialmente en los países musulmanes.

 

Les notifico la pronta beatificación de "Los mártires del Coll", grupo ligado a nuestra Congregación de Misioneros de los Sagrados Corazones, asesinados en la persecución religiosa de la guerra civil española en 1936.

 

Proyectamos un Power Point que muestra quiénes eran, cómo vivían y cómo murieron en Barcelona. Luego pido a la gente que reaccione, primero en grupitos y después en plenario. Muy positivos. Hago notar que ningún acto humano está libre de ambigüedades, pero que nosotros tenemos un criterio infalible: Si renunciaron a huir por no perjudicar a terceros, si no se apegaron tanto a la vida que rehuyeran la muerte. O, como dice Máximo el Confesor, "si, en definitiva, murieron divinamente porque murieron libremente". Esto aporta una transparencia indiscutible a cualquier testimonio que llegue al "amor más grande".

 

Me refiero, igualmente, a la polémica que sacude España ante la beatificación de estos mártires de la guerra civil, que ya son unos 500 y que llegarán al millar. Marcos Pita Valero, por ejemplo, escribe en su blog que

 

"España está en guerra civil. Es una guerra civil latente, incruenta; pero igualmente destructiva para el país y para el alma de los ciudadanos. Media España está enfrentada a otra media... No es normal un país en el que, cada poco tiempo, cientos de miles de ciudadanos sienten la necesidad de concentrarse en la capital para manifestarse contra todo lo que representa la otra mitad... Hemos convertido a las manifestaciones en las batallas principales de esta guerra civil que transcurre a golpe de pequeñas escaramuzas diarias... Los asuntos que se sustancian en la política española son los propios de un país en guerra: el territorio, los Estatutos, el reparto del poder, la soberanía...

Como decía recientemente Pérez Reverte, no nos matamos porque no podemos. Porque son otros tiempos, porque vivimos en la hipercontrolada sociedad de la información en la que todo sale en el telediario. Porque si no, no lo duden, nos mataríamos como lo hemos hecho cíclicamente a lo largo de los siglos".

 

Nosotros aceptamos reconocer que la Iglesia no estuvo siempre de parte de los pobres, y pedimos perdón honradamente por la parte que nos toque. Pero tampoco vemos justo avergonzarnos de los hermanos que fueron víctimas inocentes sacrificadas por los pecados del mundo (del pueblo y de la Iglesia). Este solo título les confiere la capacidad de convertirse en los únicos signos creíbles de reconciliación entre las dos Españas.

 

Un ciego se acerca tambaleante a recordar los numerosos mártires dominicanos, y yo le digo que acaba de anticipar el tema de mañana. Que será bueno que no lo perdamos de vista porque los mártires del Coll nos han de ayudar a ofrecer nuestro testimonio hoy y aquí. Toma el micrófono un joven misionero del Sagrado Corazón, hermano de los que murieron en el Quiché guatemalteco por defender la dignidad de los indígenas. También una franciscana brasileña, muy sensibilizada con la romería de los mártires. Serán motivo de esperanza para las víctimas de todo el mundo, al formar parte indisoluble de la sangre del Primer Mártir, el Traspasado en la cruz. Timbre de orgullo para quienes ven conculcada su dignidad y prenda de resurrección y de victoria para los vencidos.

 

En un segundo momento hacemos una oración comunitaria, aterrizada en la Parroquia de La Altagracia que acaba de celebrar su 25 aniversario. Proyectamos una presentación sobre una Salve popular dominicana, con fotografías de Boni y Pau, un joven matrimonio de cooperantes que pasaron un año aquí, enviados por la Delegación de Misiones de Mallorca.

 

El sonido no arranca, y no hay mal que por bien no venga, pues yo mismo me veo obligado a entonar la Salve con mi voz ronca y quebrada: "Dios te salve, María, llena eres de gracias, el Señor es contigo, Virgen de Altagracia". Convencido de que toda la asamblea responderá, a una voz, con un lamento vibrante y dolorido, que llega a través del tiempo y de los ancestros violados. Es la única coyuntura del mundo que me puede convertir en solista, un "feeling" que hay que experimentar para describirlo, como una especie de "tiriquito", de escalofrío  en la piel. Las vistas muestran los conocidos callejones, los personajes del barrio, jóvenes y viejos, los "tigueritos" morenos, las motos que se te echan  encima, en cualquier esquina, como una caballería desbocada, los via crucis de cruz alzada contra la negrura de la noche...

 

La plegaria brota espontánea y acabamos con la repetición de algunas fotos más significativas: "Se rompen las rocas, tumbas se abrirán, las gentes del pueblo resucitarán..."

 

Repetimos a coro el nombre de los Mártires del Coll y su condición: 2 sacerdotes, 2 hermanos coadjutores, 2 franciscanas, 1 viuda asesinada por ejercer la hospitalidad. No hacía falta. El pueblo ya ha inscrito sus nombres en la lista de los mártires propios, de los testimonios que siguieron al Cordero con los vestidos manchados de sangre y las pencas de palma en las manos.

 

 

 

 

 

 

Día segundo: LOS MÁRTIRES DE LA HISTORIA DOMINICANA 

 

 

En la sesión del martes recordamos la historia dominicana a partir de la perspectiva de las víctimas. ¡Tantas que no se pueden contar!

 

La Bestia, que parecía herida de muerte, resurge en cada generación con saña renovada. Y en cada generación hay un resto (los 70.000 de la Biblia, que rehusan doblar su rodilla), un escuadrón de hombres y mujeres mártires...

 

Lo trabajamos con dos Power Point  preparados con algunos de los recursos populares que recogimos, hace años, en los campos y callejones de Santiago. El merengue "Mataron al Chivo", dedicado a la alegre celebración de la muerte del Dictador, y la salve "Corazón de Cristo, Corazón del Pueblo, los dos traspasados y los dos abiertos".

 

Dos posturas diversas ante la violencia de los agresores. "Mataron al Chivo" es una especie de Apocalipsis dominicano que canta la muerte de Trujillo ("el pueblo celebra con gran entusiasmo la muerte del Chivo el 30 de mayo") y, al mismo tiempo, la frustración popular de que no se acabe la tiranía ("pero no me lo dejaron ver"). El estribillo repite que "cantando se alegran los corazones". Canto y danza de quienes se arriesgan a continuar la resistencia: "¿Quién mató este Chivo?¿Quién lo va a matar?"

 

"Traspasados", en cambio, propone otro tipo de desafío: "Veremos quién vence esta cruel batalla: Ellos, bayonetas; y tú, sangre y agua".

 

Dos opciones igualmente válidas para las primeras comunidades joánicas: La del Apocalipsis (matar la bestia y hacer un banquete con la carne de sus generalotes, mientras se espera que vuelva el Traspasado en las nubes del cielo, como Juez que condenará a los que traspasaron a los pobres). La del Evangelio que se empeña en  responder a la agresión romana con un chorro de sangre y agua. Pregunto qué entendemos por "sangre y agua", porque todos somos libres de escoger la respuesta, pero estemos claros en que la Comunidad del Discípulo Amado tiene un camino señalado: La No-Violencia, el Perdón, la Bendición... Gente como los mártires del Coll, escogidos como sacramento vivo de un Dios que actúa en la debilidad.

 

Las intervenciones de la gente, las plegarias y los cantos me impresionan. Comprometen hasta el tuétano, y son tan evangélicas que no vienen de aquí abajo, sino del Espíritu que nace del primer Mártir del Calvario. Nuestros Mártires del Coll deben sonreir, beatíficamente, bien conectados con este Pueblo de Mártires.

 

 

Jaume Reynés Matas, M.SS.CC.