Con el corazón en la mano (bloc msscc)

 

 

 

10 mayo 2007

 

 

 

Los mártires dan credibilidad a la Iglesia

(Charlas cuaresmales en valencia)

 

 

 

 

 

La Parroquia de S. Pedro Pascual de Valencia organizó una semana cuaresmal alrededor del martirio y concretamente de los mártires del Coll, de la Congregación de Misioneros SS. Corazones. El Consejo parroquial, juntamente con el párroco y vicario, PP. Javier Elcano y Emilio Velasco, invitaron al P. Manuel Soler, Vicario General de la Congregación a la que pertenecían los mártires, para dar unas charlas los días 26, 27 y 28 de abril. El conferenciante ha escrito varias biografías sobre el particular.

 

 

 

Primer día: el martirio en general

 

La charla del primer día tuvo un carácter general e introductorio. Versó sobre el alcance del vocablo "mártir". De ahí se pasó a explicar que para algunas personas no todo vale en la vida. Hay situaciones inaceptables y entonces dicen que no, aunque sea a precio de la misma vida. Extraordinaria lección para una sociedad adormecida y que acepta de buen grado el hedonismo y el relativismo.

 

Luego la charla derivó hacia el primer mártir, Jesucristo, que prefirió ofrecer la vida antes que plegarse a situaciones de injusticia. Es el ejemplo de todo martirio. Por su parte, los primeros cristianos eran capaces de dejarse devorar por las fieras antes que ofrecer incienso a los emperadores o a los dioses romanos. Algunos morían con un grito pacífico en la garganta: "Jesús es el Señor". Se sobrentendía: y no hay otro, por más que así lo proclamen los poderosos. Ni el dinero, ni el César, ni el poder están por encima del único Dios. Los primeros mártires desdivinizaron lo que algunos pretendían que fuera absoluto. Ni siquiera la propia vida es el valor último.

 

Los mártires de ayer y de hoy que los hay, y en gran número dan credibilidad a la Iglesia. Ella es pecadora y arrastra mucho lodo tras de sí, pero personas como los mártires logran purificarla y hacerla creíble para quien no tiene prejuicios.

 

Luego el charlista abundó sobre el culto de los mártires desde los inicios. La charla finalizó con la presentación de un power point acerca de los nuevos mártires, en particular los de procedencia de Latinoamérica.

 

 

Segundo día: la tragedia del Coll

 

El segundo día tuvo como tema el escenario de la guerra civil: las circunstancias políticas,  las ideologías que sobrevolaban el ambiente, las sombras que también alcanzaron a la Iglesia.

 

Para muchos eclesiásticos no cabía otra estrategia que el choque frontal con el ateísmo, el agnosticismo y el anticlericalismo. No querían saber de tolerancia, distingos ni diálogos. Ni tampoco con otras confesiones cristianas. Aunque tampoco este comportamiento logra explicar la magnitud de la tragedia, la violencia irracional, la crueldad y el odio que se constata en los múltiples asesinatos, en los acosos implacables, en la sed de sangre y el afán de ultrajar a quienes se identificaran con la fe católica.

 

Las víctimas eclesiásticas de la persecución comúnmente aceptadas, desde el inicio de la guerra hasta su conclusión, ascienden a 6.832. En la diócesis de Barcelona se cuenta un total de 279 víctimas entre el clero incardinado en la diócesis en 1936. Más de un 22% .

 

En la zona republicana el culto fue prohibido a lo largo de los tres años. Oficialmente la Iglesia no existía. La inmensa mayoría de los sacerdotes o religiosos de ambos sexos que fueron ejecutados no estuvieron ni lejanamente implicados en las luchas políticas y menos en las de carácter bélico. El criterio para exterminarlos radicaba en su estado de vida sacerdotal o religioso. Aunque deba reconocerse que muchos identificaban Iglesia, injusticia y burguesía y no por mera casualidad. Atacaron a los eclesiásticos por considerarlos enemigos de la causa.

 

En este escenario de odios desatados y venganzas desmesuradas, les tocó transcurrir sus últimos días a los miembros de la comunidad religiosa de El Coll. Los que les conocieron dan un testimonio sin fisuras: se trataba de personas sencillas, sin iniciativas de grandes vuelos.

 

Unos impartieron clases y tuvieron dificultades para imponer  la disciplina entre sus alumnos. Los Hermanos trabajaron en la huerta, en tareas domésticas, subieron y bajaron la montaña del Coll para realizar las compras de cada día. No fueron grandes líderes, ciertamente, ni tampoco se convirtieron en ningún momento en focos de conflicto a causa de su desbordante personalidad. Donde quiera pasaron, no pusieron de manifiesto un carácter impetuoso, ni un comportamiento fuera de lo común.

 

Se aproximaban mucho al perfil del religioso ejemplar de la época: disciplina, rectitud moral en toda situación, compromiso misionero en el entorno. Daban clases gratuitas a los niños pobres, organizaban sesiones de catequesis. No olvidaron el cine religioso y moral que, por aquellos entonces, ofrecían las parroquias. Entre sus tareas catequéticas, la explicación dominical del catecismo a los adultos, el acompañamiento espiritual a unas monjas, la atención a una escolanía de niños.

 

Ellos murieron totalmente ajenos a complots militares, ideologías políticas y actitudes antigubernamentales. Murieron mártires. Si en algo los testimonios del proceso resultan repetitivos, y hasta cansinos, es cuando aseguran que nuestros hombres no tenían que ver con la política ni manifestaban opiniones sectarias al respecto.

 

Estos relatos iban desgranándose a medida que se mostraban las imágenes de un power point con fotografías del escenario del martirio y los rostros de las víctimas.

 

 

Tercer día: las lecciones de la guerra civil

 

La tercera charla se centró en algunas lecciones que ofrece la guerra civil más bien incivil que tuvo lugar hace setenta años.

 

iTenemos más interés en admirar y seguir las huellas que en individuar a los verdugos que derramaron su sangre. Tenemos que perdonar hasta setenta veces siete.

 

iNecesitamos a los mártires para que nos enseñen perdón y la reconciliación. Muchos de los asesinos se sentían heridos debido al comportamiento egoísta de algunos sectores del clero, aliado con terratenientes y políticos sin escrúpulos.

 

iLa inmensa mayoría de los que murieron eran personas sencillas... No entendieron qué pasaba... Ellos pagaron por otros. Ellos murieron perdonando. Ellos purificaron el egoísmo que había en las filas de la Iglesia.

 

iLos mártires nos enseñan que no se puede amar a Dios si no se ama al hermano. Quienes profesaban amor a Dios, pero pisoteaban a sus semejantes encendieron los odios de los maltratados y reaccionaron matando. Rezaban unos por la conversión del Papa que había escrito una encíclica en la que tímidamente apuntaba hacia una convivencia menos desigual y a repartir los recursos de la naturaleza.

 

iAlgunos asesinaron en nombre de Dios. Por Dios se puede morir, pero no se puede matar. Nos tienen que doler estas otras víctimas tan injustas y crueles como las del otro bando. Sólo Dios es Señor de la vida. Quienes matan ofrecen la sangre a los ídolos que se crean: violencia, poder, ambición, odio... Quien mata es homicida, aunque es cierto que otros tal vez lo son en mayor grado al atizar el odio y la desigualdad. No existen ideas, ni intereses, ni compromisos ni ambiciones que valgan lo que la dignidad y la vida de una persona.

 

La charla terminó con una breve historia de cómo se empezó a venerar a los primeros mártires y de las normas hoy día vigentes  para culminar una beatificación y finalmente una canonización.

 

Al final de la charla se presentó otro power point que cuenta sucintamente la historia de los protagonistas del Coll, con algunas referencias de tipo político e ideológico.

 

 

Manuel Soler Palà, M.SS.CC.